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Un
poco impaciente porque no llegábamos, y lista para salir a disfrutar la tarde
estaba la Sra. Zoira Lozada de Ibarra, en su residencia. Ella es la esposa de
Carlos Ibarra, su único amor, con quien ha permanecido unida durante 47 años y
espera estar a su lado hasta al final. Con él ha constituido un hogar de siete
hijos, donde la unión, el amor y la comprensión han resultado lo mas hermoso. En
presencia de su esposo, hijo, Carlos y Francisco Cardona, su nuevo nieto, no
vacila en posar primero para la cámara y luego entrar en detalles acerca de lo
que ha sido su vida.
Allí, en Conejeros, en su casa,
se desarrolla la conversación, muy precisa, porque es viernes y la tarde hay que
aprovecharla; «yo entregue mi negocio ya, «haciendo referencia de que se había
desocupado de la cocina y de algunas otras tareas, «ahora estoy lista para
disfrutar», agrega. Carlos sonríe y reconoce en ella ese espíritu alegre, muy
dinámico. «Con él, «refiriéndose a su esposo Carlos Ibarra, me iba rumbo a
Caracas a buscar mercancía, ropa, hermosos trajes para damas que ya habían
solicitado mis clientes, venía, repartía y los quince y último a pagar. Así
estuvimos durante unos 20 años, echándole pichón para poder levantar a los
muchachos, hoy ya son grandes, profesionales y se defienden sólos, «señala Zoira,
con esa sonrisa a flor de piel. «Fue una época muy dura, pero hermosa, nos
apoyábamos mutuamente, y mucho más cuando Carlos se enfermó»
«Aquí he vivido durante 40
años, pero yo nací en El Poblado, soy guaiquerí con mucho orgullo, hija de Piada
Lozada y Marcelino Suárez. Mis hijos los he educado aquí, han crecido, sin
ningún tipo de problema», acota. Siempre ha tenido esa chispa para salir
adelante. En su adolescencia vendió empanadas, verduras, en un puestecito que
tenía en el mercado, momento para recordarnos a la abuela Eustacia, a quien
conoció en ese mundo, en esos avatares.
Ahora está más tranquila. De la
venta de ropa quedaron muchas amistades, muchos recuerdos. En estos momentos con
63 años a cuesta, se desocupa bien temprano, a las 2 de la tarde se prepara,
lista para llevarse el mundo por delante, para salir a pasear, llegarse hasta el
bingo, hacer una jugadita, visitar las amistades, si es de bailar baila. Va a
todas partes, se siente fuerte, con muchos deseos de vivir.
Dentro de sus aspiraciones está el que algún día se le haga una gran catedral a
la Virgen del Valle, cree en ella. La isla está bien, pero hace falta esa obra,
sería un gran regalo para nuestra Patrona. En el lugar donde se desarrolla la
entrevista tiene un gran altar de Santa Bárbara, una imagen grande, le celebra
su fiesta; la acompaña el negro Changó, «ese es el que afloja», señala muy
sonriente. Cuándo le pregunto cómo le va, me respondió: Lo importante es tener
salud, estoy feliz con mi matrimonio, con mis hijos, los nietos. Lo más bello es
la unión entre la familia. Yo ya sembré, ahora me toca recoger, pasarla bien y
más nada. Aconsejar a esos muchachos para que les vaya bien».
Buen comerciante
La mercancía buena se vende sola, pero aquella que está regular, que no se busca
mucho hay que saberla vender, saberla ofrecer. Insistir en mostrar las bondades
del producto, por eso ella siempre tenía una explicación para sus clientas,
quienes preguntaban cómo me queda, les decía muy bien, y Carlos Ibarra, quien
siempre la ha acompañado, reforzaba el criterio diciéndoles, sí les queda muy
bonito; de esa forma lograba colocar toda su mercancía, aumentar sus ventas y
traer cada vez más. Ahora está dedicada a lo suyo, a distraerse, a bailar salsa
y si es un bolerito, al lado de su pareja muy bien.
Zoira explica que tanto en el
negocio, como en el juego y el amor ha tenido suerte, le ha ido muy bien. Con su
esposo, hijos. Ese espíritu positivo y alegre siempre ha estado presente en
ella, gracias a Dios no se ha enfermado. La vida es salud, compartir con la
familia, con sus amistades. Es una dama con chispa, que ahora vive para ella, e
impulsa a Carlos a disfrutar lo bueno de la vida.
Rómulo Cardona: Texto y Fotos
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