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Diariamente
está Teresa Salazar en su puesto de venta, denominado: «Artesanía La Crineja»,
en honor a su mamá, gran luchadora, y al oficio de tejer la crineja que ella y
muchas mujeres de esta tierra realizan para encontrar el sustento. La actividad
de Teresa comienza muy temprano. Colocar la mercancía a la exhibición demora
unas tres horas, a medida que va colocando va hablando, atendiendo, el trabajo
es muy dinámico, sobretodo en las temporadas y en las horas cuando los vuelos
están saliendo. Y tres horas más en desmontar todo lo que queda. Un trabajo
duro, ya que todavía no cuenta con un establecimiento cerrado. «No he podido
cerrarlo porque cuesta muchos millones», argumenta.
Comenzó vendiendo arepas, luego
perros calientes y hamburguesas, cuando estaban haciendo el aeropuerto. Ubicada
en un ladito de lo que es hoy el «ala internacional», hasta que viajó a Caracas
y se entrevistó con las autoridades nacionales aeroportuarias y logró que la
ubicaran en la parte interna. Ahora ofrece agua, galletas, juguetes, refrescos,
chicles, artesanía margariteña, gorras, franelas con motivos margariteños; muy
completo. Ha estado en frente a los mostradores de Aeropostal, luego un poco más
acá, cerca de la puerta principal y finalmente, frente a las áreas de Conviasa.
Humildemente, pero echando hacia delante, logrando levantar a sus hijos, José
Gregorio, estudiante de ingeniería, con veinte años y Yolimar María, de 8 años,
estudiante de quinto grado. De vez en cuando José la ayuda, al igual que una
hermana. El poco rato libre es para hacer algunas cosas personales
En el Aeropuerto General en
Jefe Santiago Mariño, durante estos 33 años, ha luchado contra todo, su esfuerzo
y constancia son reconocido hasta por las propias autoridades del aeropuerto.
Ella ha sido padre y madre a la vez. «Esos muchachos que no terminan de entender
todo lo que uno se preocupa, todo lo que se lucha y se sacrifica una madre.
Máxime ahorita, cuando hay tanto peligro, cuando están pasando tantas cosas»,
reflexiona en voz alta, para hacernos llegar su preocupación y entrega.
Teresa es hija de María
Salazar, nativa de El Espinal; su papá Ildelfonzo Gómez, oriundo de El Dátil.
Ella nació en Porlamar y ahora vive en El Espinal. «Soy la única margariteña
neta que está aquí como arrendataria del aeropuerto, esto es mi vida. Aquí me
distraigo, hago mis realitos, converso, conozco mucha gente. Estoy en
movimiento. Aquí he vivido mis mejores años, desde la edad de trece, ¡qué no he
visto! Lo que soy se lo debo al aeropuerto. Aquí me he hecho una gran
comerciante. Y pienso seguir creciendo con el favor de Dios y la Virgen del
Valle, acota. «Ojalá y tenga mucha salud, mucha paz, para ver crecer a mis
muchachos. Para trabajar por muchos años Uno tiene que estar como un «guardián»,
atento a todo», dice.
En cuanto al movimiento
turístico, Teresa no oculta su satisfacción, «esto está mejor ahora, el turismo
sigue viniendo, hace falta más cariño, más atención al turista. Lo que pasa es
que no es fácil, hay que tener mucha responsabilidad, cumplir con los
compromisos, dar un buen servicio, conversar con el cliente, ayudar a los
visitantes, que se sientan que ellos son importantes, y no todos estamos ganados
para esa idea, «señala.
En Artesanía La Crineja, ella,
es su propia jefa. «A la mercancía se le gana un pequeño porcentaje. Trabajo
fuerte para vivir, mantener a mí familia, estoy clara que no me voy a hacer
millonaria, Ya compré el carrito, ahora viene la casa y después a seguir
avanzando», acota. La dama que observamos, como emblema de la mujer margariteña
en el aeropuerto, teje sombrero, alpargata, crinejas, tiene muchas ideas,
explica que de contar con más apoyo, de seguro que estuviera mejor». Es
bachiller y aspira seguir estudiando para hacerse abogada de la República. Es
Teresa Salazar, una mujer con temple.
Rómulo Cardona: Texto y Fotos
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