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Secretos insulares

La Ciudad de los Alcatraces. Al sur-oeste de la isla de Margarita se encuentra la Laguna de Las Marites. Esta porción lagunar contiene abundante vegetación característica, conocida como manglar y variedad de peces propios, así como provenientes del mar, ubicado en su frente sur. Pero, lo que nos ocupa en esta ocasión, es una curiosidad que constituye, para muchos, un secreto. En este sitio habita una organización de aves marinas; las cuales sabiamente utilizan a los manglares como palafitos. Se trata de los alcatraces, también conocidos como pelícanos.

Estas aves se ubican dispuestas en correcta agrupación ciudadana-tribal, con sus jefes, subalternos o súbditos; ocupando sus áreas o cuadras correspondientes.

Al recorrer los canales (en botes, lanchas o peñeros), seguro se escuchará un estruendo semejante a cornetazos, voces altas, murmullos, bullicio y todo lo propio de un centro poblado. Claro, es la algarabía, producto de los graznidos de las crías, las cuales, esperando en sus nidos, reclaman su alimento, también se debe a la presencia humana en el entorno.

Al atardecer, la algarabía se hace mayor, es la despedida al día invocando su retorno. Igual ocurre cuando las columnas de alcatraces-pescadores regresan de la faena lejos de casa.
Millones de voces al unísono, te hacen comprender que te encuentras en la ciudad-palafito de los alcatraces.


Los Miradores de la Cruz. En la porción este de la serranía que bordea a El Valle del Espíritu Santo se encuentra la Cruz de los capuchinos. Denominada así, según crónicas y leyendas, porque en la parte más alta del cerro, es decir en su cresta, ella fue colocada por unos padres capuchinos en la primera mitad del recientemente ido siglo XX. Su presencia es celebrada el tres de mayo de todos los años. Su historia ha sido muy bien recopilada y narrada por nuestro cronista municipal y escritores nativos.

Pero lo que aquí nos ocupa es un evento de otra naturaleza: Bondadosamente, la Cruz ha permitido ser el sitio predilecto de observación por parte de nuestros apreciados carroñeros, los zamuros. Su posición en la cumbre del cerro es ideal para que estas aves puedan ver todo lo que sucede en El Valle y en sus lados adyacentes; para ello, muchas veces se ubican de uno o dos a cada lado (es decir, en cada brazo horizontal o travesaño) y otro en la parte superior vertical de la Cruz. Esto es un hecho obviamente normal; lo curioso es, que en un atardecer de esos, cuyos rayos solares chocan con intenso brillo, se observa (o se percibe) un fenómeno luminoso producido por el brillo rebotante y los “puntos negros” a los lados y en la parte superior; lo cual en ocasiones crea la impresión de flotación sobre el cerro. Ojalá tengamos la suerte, una tarde de éstas, de presenciar el fenómeno y compartir este secreto con nuestros amigos, la Cruz y sus zamuros.

Claudio Quilarque H.


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